Los registros históricos informan del uso del cannabis para el tratamiento del dolor alrededor del año 3000 a.C. Sin embargo, sólo en la década de 1960, los componentes activos del cannabis (CBD, THC, entre otros 100) fueron descritos por los científicos para que finalmente, en 1980, se identificara el primer cannabinoide endógeno, la anandamida (AEA), que reiteró la importancia del receptor cannabinoide y sus ligandos endógenos en el control de una amplia gama de actividades biológicas. El nombre sánscrito «anandamida» («ananda» = felicidad) se da a la N-araquidonoil etanolamina, por sus efectos miméticos de los cannabinoides. Posteriormente, se identificó otro compuesto cannabinoide endógeno, conocido como 2-araquidonoilglicerol (2-AG). Teniendo en cuenta que estos compuestos son endógenos y cannabinoidomiméticos, actuando sobre los receptores cannabinoides, se han denominado endocannabinoides (EC), que, junto con las enzimas de síntesis y degradación, conforman el Sistema Endocannabinoide (SCE). Actualmente, entre las opciones terapéuticas que buscan una mejor calidad de vida para los pacientes, el uso de cannabinoides como coadyuvante en el tratamiento ha cobrado gran protagonismo en los estudios científicos que muestran su potencial terapéutico en el dolor agudo y crónico.

About the author : Reinaldo Souza

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